Contra toda autoridad, pero con la autoridad.


Se termina un nuevo día de esta película traída a la vida real. En pocas semanas pasamos de la “nueva normalidad” a estar perdiendo una nueva guerra, ahora con un enemigo que, al menos esta vez, sí que es invisible. Como cada noche, me acuesto cuando mis ojos ya no pueden más de cansancio por el brillo de la pantalla del computador. Pienso: ¿por qué se nos hará tan difícil el semestre online?


Y es que pasamos de caminar por el campus San Joaquín y las calles de Santiago a caminar por los pasillos de nuestras casas. De los cumpleaños y juntas con nuestros(as) amigos(as) y familiares pasamos a brindar por Zoom. De ir a clases en las frías salas de la Facultad a sentarnos en un escritorio o una mesa (los que podemos) a escuchar como una voz habla y habla, mientras el otoño pasa por la ventana. Los ayudantes pasamos de las ansias de hacer una nueva ayudantía a ingeniárnoslas para poder escribir varias líneas de ecuaciones y explicarlas por Canvas.


Pareciera que todo cambió en nuestro día a día universitario, pero al menos durante la primera mitad del semestre, la regla general en nuestra Facultad fue seguir evaluando nuestros conocimientos como si siguiéramos viviendo en la antigua cotidianidad. Que irónico es tener que dar una prueba con los apuntes al lado y que se siga midiendo si sacaste bien o mal unas derivadas contra el tiempo. Lo más brutal es que, con el afán de hacer todo lo más normal posible, se construyó una nueva realidad sumamente estresante para muchos(as) compañeros(as), y que ha dejado en evidencia lo ingrato que es nuestro sistema con sus estudiantes.


Que injusto es cuando alguien se sabe al revés y al derecho la materia, pero se confunde escribiendo el álgebra o calculando un número y le ponen cero puntos. En cambio, el que no dominaba la materia y se aprendió la ayudantía de memoria sacó todo el puntaje. ¿Qué le podemos a pedir a un(a) ayudante que tiene que corregir 100 pruebas más, y cuya mejor herramienta es una pauta, probablemente incapaz de considerar las distintas formas de contestar lo que te preguntan? ¿Cómo le podemos pedir que infiera cuánto sabes si su mejor aval es haber tenido una buena nota en el ramo el semestre anterior?


Que impotencia me da cuando, bajo el eslogan de la libertad de cátedra, hay profesores(as) que van en contra de lo que la Facultad asegura que busca para nuestra formación y hacen lo que quieren, e incluso pasan a llevar la dignidad de algunos(as) compañeros(as). ¿La libertad de cátedra implica hacer lo que uno quiera? ¿No existen límites a esta libertad?


Que celos me da cuando en otras universidades dan alrededor de 3 horas para responder un solo problema que, si bien es difícil, hace que los estudiantes piensen y apliquen bien la materia. ¿Será acaso esa una mejor manera de evitar la copia y ahorrarle el eterno problema del plagio a Secretaría Docente? ¿No será una mejor forma para que los(as) estudiantes no se frustren por no terminar las pruebas? El eterno argumento de hacer pruebas contra el tiempo que pocos logran terminar ha sido que hace más fácil discriminar quién sabe y quién no. ¿Realmente una persona sabe menos de algo si no es capaz de dar una mejor respuesta contrarreloj?


Otros(as) dirán que la idea es prepararnos para el exigente mercado laboral del país, que requiere profesionales ágiles y eficientes. Llama la atención esa hipótesis, siendo que la nueva marca que ha estado tratando de construir nuestra Facultad en los últimos años se ha basado descaradamente en el concepto de la “multivocación”. ¿Cuántas personas entran a estudiar Comercial en la UC porque era la opción que les quedaba? ¿Qué multivocación pueden encontrar cuando el único camino que muchos(as) aprenden con sus evaluaciones es el de ser un autómata?


El título de esta columna se inspira en un grafiti que vi hace muchos años en el Mapocho (“contra toda autoridad…excepto mi mamá”), y del cual me acordé cuando leí una carta de estudiantes de Derecho en la que hacían un llamado a no atacar ciertas decisiones de las autoridades de su Facultad por Twitter. Este grafiti cobra especial relevancia en estos tiempos de cambio, en el sentido de cuestionarnos las cosas tal como se nos imponen. ¿Cómo podemos ser estudiantes activos y preocupados por nuestra formación, dignos(as) de una Facultad que está entre las 100 mejores del mundo en su área, sin cuestionar las decisiones de su autoridad?


Debatamos en redes sociales, pero nunca faltándonos el respeto entre nosotros ni a nuestras autoridades. Hoy más que nunca aprovechemos las investigaciones que hay, cuestionemos, discutamos, propongamos y aprendamos de nuestros(as) profesores(as) que han intentado hacer cambios en su forma de evaluar. Nadie dice que nos quieran perjudicar. De hecho, me consta que quieren lo mejor para todos(as). Así, hoy más que nunca, contra toda autoridad, pero también con la autoridad.


Muchos dirán que estoy equivocado y que todo anda perfecto. Yo mismo me lo he planteado, pero creo que es hora de que como como comunidad pongamos sobre la mesa este problema, que es real. Si no estás de acuerdo conmigo, está bien, pero con los dilemas que propongo en esta columna al menos logré que algo te cuestionaras.


Anónimo, Alumno del Magister de Economía Aplicada de Ingeniería Comercial.

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