La brutalidad policial y los estereotipos matan.


Dados los recientes hechos ocurridos en Minneapolis, en donde un policía blanco asesinó a plena luz del día a George Floyd mientras era grabado, se han producido fuertes protestas en contra de la brutalidad policial y el racismo. Pero lo más interesante es la respuesta y las señales que han dado las autoridades de Estados Unidos; el presidente decide escribir en su cuenta de Twitter (plataforma a la que, por cierto, le declaró la guerra, y la cual desea regular) para tratar de “matones” a los que marchan por esta causa y amenazarlos con que mandará a la Guardia Nacional y que simplemente van a disparar, todo esto antes siquiera  de lamentar la cruel muerte que tuvo George y arrestar al responsable y sus cómplices. Las protestas pacíficas fueron reprimidas sin razón con gases lacrimógenos y balines, y así se llegó al caos, a la muerte de una persona más, y a muchos heridos graves por los disparos.

Pero ¿por qué su asesinato es un acto racista? Porque si el detenido era una persona considerada blanca, no habría muerto, no la habrían ahogado, no la habrían detenido, no habría ni llegado la policía al lugar. Y esto no es un juego de suposiciones, sino que es la realidad de lo que sucede. Si hay un grupo de amigos donde solo una persona es blanca, esa persona es la que tiene menores probabilidades de que la detengan manejando (alrededor de la mitad que el resto), que la registren para revisar qué lleva (alrededor de un cuarto en comparación), o que le den algo más que una advertencia por hacer algo que no debía. Lo anterior se basa principalmente en el libro Suspect Citizens, donde se revisaron 20 millones de detenciones de tráfico.

Nuestros teléfonos y cámaras nos han dado una herramienta muy útil para que los grupos oprimidos sistemáticamente tengan algo con lo que probar y hacer caer a los grupos de poder que son protegidos solo por su estatus en la sociedad. Al fin somos capaces de denunciar la violencia del racismo, clasismo, misoginia, homofobia, xenofobia, etc. con pruebas irrefutables. Las actitudes y acontecimientos que eran desconocidos para el privilegiado o que eran considerados normales para él, se han vuelto un tema incómodo, donde ahora no saben qué decir, precisamente porque piensan igual que los que demuestran su llamada opinión.

Ahora, estos temas tienen mucho que ver con la paradoja de la tolerancia, ¿se puede ser tolerante con el intolerante? Trump es una figura que constantemente ha demostrado actitudes que caben en estos grupos que son intolerantes frente a otras personas, y si bien yo no soy la persona conocedora de todas las verdades, es sumamente fácil darse cuenta de que sus dichos en Twitter hacia los protestantes están fundados en estereotipos.

Se puede estar de acuerdo o no con las protestas, pero una autoridad como un presidente no es alguien que debería dejarse llevar por estereotipos que perpetúan la discriminación. Habla sobre grupos organizados radicales de izquierda y “antifa” que manejan las protestas solo para generar caos, pero no hay razón para creer esto más que su propia teoría conspirativa. Amenazó con disparar a personas desarmadas que ejercen su derecho a manifestarse pacíficamente, mientras que para referirse a los protestantes anti-cuarentena en plena pandemia lo hace de manera que estas últimas son “muy buenas personas que solo están enojadas".  Independiente si los saqueos desastrosos deberían ocurrir o no, no hay razón para matarlos.

Ahora, esta situación puede parecer algo extrema y aislada, pero es imposible no notar las similitudes con cómo se desarrolló el estallido social acá en Chile. Las protestas pacíficas reprimidas, convertidas en caos, saqueos a supermercados, violencia policial de índole física, psicológica y sexual, heridos y muertos por balines, militares en las calles y estereotipos infundados sobre los manifestantes. Los manifestantes son comunistas porque quieren justicia social. Los manifestantes son delincuentes. Los manifestantes son pobladores de sus comunas, mientras que, en el barrio alto, son vecinos.

“No puedo respirar” ha sido la consigna que se ha tomado en memoria de Floyd, palabras que pronunció mientras el policía lo ahogaba. Y si bien en Chile las protestas tuvieron causas distintas, todo tomó más fuerza al ver las cifras de ojos mutilados a manos de Carabineros; “no puedo ver”. La brutalidad policial dejó ciego a Gustavo Gatica y con cegueras parciales a otras más de 200 víctimas que estaban haciendo uso de su derecho a manifestarse.

Claro que la brutalidad policial no termina solo en el uso de balines. En Chile se ve el racismo institucional en el caso de Joane Florvil, la homofobia en el caso del estudiante de Medicina de nuestra propia universidad, Josué Maureira, y el machismo en las más de 100 denuncias por abuso sexual en contra de Carabineros ocurridas durante el estallido social. Se ve en el caso Catrillanca, en Abel Acuña, en los calcinados con heridas de bala en la fábrica de Kayser. Que tal persona era esto, que tal persona hizo esto otro, pero siempre salen los policías sin consecuencias por su abuso de poder.

En Estados Unidos se pide un alto a la brutalidad policial, en Chile y el mundo también, pero siempre están los que confían ciegamente en instituciones que han demostrado su inoperancia e incapacidad de resolver problemas. Tanto acá como al otro lado del planeta se pide más humanidad, menos culpar a las víctimas de estos crueles abusos y encubrimientos, más justicia y menos impunidad.

Ayer, hoy y mañana, seguiremos viendo la discriminación sistemática si no cambiamos las instituciones que ayudan a que siempre exista un ser “superior” a otro, y si no dejamos de tratar a los poderosos como seres intocables. Es necesario dar señales de justicia sea quien sea el culpable, y seguir denunciando actos de discriminación, porque solo así nos movemos hacia adelante.


Valentina Lorena Padilla Cabello

Segundo Año Ingeniería Comercial UC


0 vistas

Contacto

Campus San Joaquín

Av. Vicuña Mackenna 4860

Macul, Santiago.

© 2020 por CAAE 2020