Un consejo para quienes critican nuestro modelo económico


Me parece fenomenal que hoy exista una polifonía de voces respecto a la conducción económica de nuestro país. Bienvenidas las críticas, las defensas, el revisionismo y el cuestionamiento de lo que la gente suele denominar nuestro “modelo económico” (no me gusta el término modelo, prefiero hablar de sistema, pero usaré dicho término pues la mayoría entendemos a qué apunta). Sin embargo, hay un serio problema conceptual que se repite constantemente en este debate por parte de sus detractores.

En primer lugar, pareciese que hoy los términos “mercado”, “capitalismo” y “neoliberalismo” se usan como sinónimos, siendo que conceptualmente este es un error garrafal. Un mercado es el punto de encuentro entre la oferta y la demanda, un espacio donde, teóricamente, la gente intercambia bienes y servicios, donde constantemente se envían y reciben señales de las preferencias y valoraciones de los agentes económicos, que finalmente se materializan en precios. Sí, sí, demasiado teórico, lo sé (y cualquier economista debería saberlo). Existen fricciones de información y otras ineficiencias que hacen que los precios no reflejen fidedignamente el valor real que la sociedad asigna a nuestros bienes. El mercado no es perfecto (lo lamento, defensores de la doctrina de Chicago), los precios son solo una aproximación, y cualquier mercado suficientemente grande debe ser sujeto a regulación para que funcione mejor (si no existen reglas claras, derechos de propiedad y legislación, estamos frente a la ley de la selva).

El capitalismo, por otra parte, se refiere a aquel sistema económico donde el capital está en manos privadas (en contraposición a estar en manos estatales). ¿Qué entendemos, en este contexto, como capital? Todos los medios de producción, desde la tierra, pasando por las máquinas industriales y la tecnología clave que se utiliza para producir. En otras palabras, en el capitalismo existe un mercado de bienes de producción: los insumos recién descritos tienen precios, se compran y venden, y enriquecen a quienes los usan. Se suele, entonces, hablar de la “economía de mercado” o “el libre mercado” cuando hablamos de una economía capitalista, puesto que el mercado opera en el pilar fundamental de la economía: las fuerzas productivas. El socialismo, en contraposición, centraliza la planificación económica, y todo el capital pasa a manos del Estado. Existe propiedad privada, solo que no aplica para los medios de producción.

Ahora viene la trampa: incluso en el socialismo, existen los mercados. Si nos situamos en el caso más extremo, durante el régimen estalinista en la Unión Soviética se permitía que los agricultores tuvieran un pequeño espacio personal de cultivo, y que pudieran transar sus frutos libremente siempre que no superasen cierta cantidad, por ejemplo. Pero si ni siquiera se permitiese eso (estamos hablando de algo prácticamente imposible), todo lo que se produce es después comerciado por los agentes. Incluso si una economía centralizada fuese capaz de fijar los precios de todos los bienes, y lograran controlar la oferta de todo lo producido, la demanda no deja de existir, y seguimos en presencia de en un mercado (muy controlado, pero un mercado, al fin y al cabo). Por ello, hablar de estar en contra del “mercado” pasa a ser una ridiculez. Ello implica estar en contra, básicamente, de cómo se desenvuelven natural y espontáneamente las personas. Puedes ser anticapitalista, sí, si consideras que los bienes productivos no se pueden regir bajo las lógicas mercantilistas, y debe existir propiedad colectiva de los medios de producción, pero ello no te hace “anti-mercado”, pues la distribución posterior de los bienes siempre estará determinada, en mayor o menor medida, por las lógicas del mercado. Es inevitable.

Ahora bien, quienes se declaran anticapitalistas dentro del espectro político actual siguen siendo una minoría, principalmente comunistas o socialistas duros. Déjame decirte de inmediato amigo o amiga, que, si crees en la socialdemocracia a la usanza nórdica, te gusta RD o Bachelet, y quieres mayor participación estatal en los bienes sociales, no eres anticapitalista. La socialdemocracia, de hecho, no se basa en el anticapitalismo, sino que en la regulación minuciosa de éste y en un estado de bienestar robusto. Dado esto, existen muchos críticos del “modelo” que se declaran anticapitalistas cuando realmente no lo son.

Ahora, existen muchas gamas de capitalismo. No oponerse a la propiedad privada de los medios de producción no implica creer ciegamente que el mercado es perfecto, o defender la desregulación total de todos los mercados. Por cierto, estas personas existen, pero tú puedes ser, como argumentaba antes, un socialdemócrata que cree en altos impuestos al capital y una presencia fuerte estatal en bienes y servicios sociales básicos. Eso no te convierte en anticapitalista. Acá entra el tercer concepto aludido. ¿Qué es el “neoliberalismo”?

No es una escuela de pensamiento propiamente tal, pero en palabras simples se refiere a un conjunto de medidas económicas implementadas por los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher durante los ’70, emuladas rápidamente por Pinochet en la dictadura chilena, bajo la sugerencia a punta de pistola del Chicago-gremialismo. Es una revalorización del laissez faire, la búsqueda de minimizar el estado lo más posible, de dejar que la lógica mercado domine casi en su mayoría los bienes y servicios sociales básicos, como la educación, las pensiones y la salud. Es, en mi opinión, una postura retrógrada por cuanto rescata una visión del liberalismo muy antigua, anterior a la discusión de las ineficiencias de mercado y las externalidades. De ahí a que se hable coloquialmente de ser “anti-mercado”. No eres, probablemente, anti-mercado, sino que crítico de la preponderancia de éste, de forma muy particular, en estos bienes sociales básicos.

Probablemente la mayoría de los críticos del sistema económico chileno calzan en la categoría de repudiar el neoliberalismo. Puedes ser anticapitalista y antineoliberal, felicidades, eres socialista. Pero puedes ser también antineoliberal más no anticapitalista, felicidades, eres socialdemócrata, socialcristiano, o incluso liberal en el sentido amplio de la palabra. Y claro, puedes amar el neoliberalismo, felicidades, eres probablemente conservador, gremialista o libertario. En ningún caso tendría sentido, eso sí, hablar de ser anti-mercado.

A ti, que criticas el modelo económico, te pido de todo corazón que uses los conceptos correctos. Enriquecerá el debate, lo prometo, y ayudará a dejar de lado varias caricaturas.

Pablo Vallejo.

Estudiante de Economía.

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